Pigmalión

Friday, March 9th, 2012

Viaje.

El océano es vasto y no tolera mi presencia. (Se escabullen en su cabello, perversos). Adornan perfiles, ¿qué he de adorar ahora? La estatua no inhala los vapores de las flores, no se retuerce. Su brillo es pálido, inerte. (Bacantes, la carne desollada y roja como el atardecer). No me pertenece: yo lo he creado. La idea. Duermo en tiempos congelados; el agua corre ajena a mí. Poseo lo que no expreso. Lo ajeno está en el mundo, en las palabras, en las imágenes y límites de lo inefable. No sé qué eres, Anraí, mi mente está escindida y cada día voy perdiendo la cordura.

Es una estatua, el monumento que celebra la transmutación del ideal. No puedo ver más allá de su halo. Imagino, descifro, atribuyo, interpreto, siento, ¡subjetividades sin base, nubes que se alejan con el viento! En la distancia, la luz se retuerce con crueldad. Capricho. Maravilla a los ojos, pero deja desnutrida el alma. ¿Pueden las ilusiones ser tan hermosas como vanas? La contemplación debería ser suficiente…

Debería serlo.

Macabra macabra la pata de cabra

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