Archive for April, 2012

Who stole the sun from its place in my heart?

Saturday, April 28th, 2012

 

My heart is like the heavens; it’s a place for those who hate
My soul is like the winter; hosting symbols of our fate
My sperm conceives forever; making omens come alive
We exist without salvation; we are born just to die

Who stole the sun from its place in my heart?

My mind is like a diamond; like a dream that can’t be breached
My soul is like a demon; setting fire to your dreams
My body is your temple; it extends beyond the lie
Not to find my way to paradise; my eyes have been cut out

Who stole the sun from its place in my heart?

My arms are like the branches; of the tree that never dies
My heart was filled with laughter; like the madness in your eyes
My fingers are like daggers; scratching symbols in your skin
We exist beyond redemption; no salvation without sin

Who stole the sun from its place in my heart?

My lips are like the morning; turning darkness to delight
My eyes reveal your secrets; I see fire in your eyes
My blood will flow forever; like a stream that never dies
Not to speak of heaven falling; my tongue has been cut out

Who stole the sun from its place in my heart?

Ser

Friday, April 20th, 2012

Le dije que tenía los ojos mordisqueados y sangrantes. No sé cómo aprendió a dominarlos, a comer el rojo de los labios ajenos mientras recitaba endecasílabos tortuosos que me sabían a sangre y a cadenas de metal. En algún momento de la noche, el brillo de las estrellas fue a parar a su rostro. Al pasar, una mujer lo miró horrorizada y le susurró a su acompañante:
– Este joven tiene un rostro cruel. Reconozco la maldad cuando la veo: ¡aquí yace!

A pesar de oírla, no le hizo caso. Se soltó los cabellos y se sentó en una manzana tan oscura que parecía negra. Sus ojos almendrados adquirieron una ferocidad crepitante, dirigió su mirada hacia la luna llena y dijo que no recordaba cuál era su nombre. Un pintor pasó a nuestro lado y la observó con curiosa ingenuidad. Se le acercó y le dijo que se parecía mucho a una mujer de la vieja Roma, le preguntó si no le importaba retratarla. Ella le dijo que no recordaba su nombre. El hombre la ignoró y empezó a pintarla. Al finalizar el retrato, la miró espantado y salió corriendo, sin importarle que dejaba sus lápices y demás dibujos.

Antes de que el ser se diera cuenta de lo que iba a hacer, eché una mirada al retrato. Grande fue mi sorpresa al caer en cuenta de que se trataba de Nerón y Popea juntos, fusionados, entrelazados por la belleza y la crueldad misma. Las sombras del mentón se me presentaron como barba incipiente, la sonrisa femenina tomó la forma de la lascivia enfermiza de quien muere para volver a morir una y mil veces más. Al observar los ojos, el dolor me abrasó con furia y me permitió reconocerlos como míos.

Cuando busqué con la mirada a dicho ser, hombre y mujer a la vez, me di cuenta de que había desaparecido. O tal vez nunca había estado.

Infinito

Tuesday, April 17th, 2012

En estos momentos, no puedo recordar con exactitud qué es lo que siento cuando estoy cerca de él. Hace algún tiempo, mi respuesta habría sido bastante más detallada que la que estoy a punto de brindarles en las siguientes líneas. No sé si se debe a que aquellas impresiones, marcadas como hierros candentes en alguna dimensión abstracta con la que me comunico instintivamente, fueron cicatrizando conforme al paso del tiempo, o si simplemente resultaron víctimas de la niebla que impregnó a sus sucedáneos e impidió que me remitieran al verdadero ídolo: él.

No conozco un Amor con mayúsculas, un Amor que no impone condiciones y resplandece por sí mismo. No conozco la abnegación, el sacrificio, la confianza total de quien se entrega ciegamente y pone su vida en manos del ser amado. No conozco la compenetración de almas ni la razón por la cual los individuos abandonan sus propios temores y mecanismos de defensa. No conozco un Amor en el se acepta, se perdona, se olvida y se ama.

Conozco un amor en minúsculas, un amor egoísta y divinizado, inalcanzable, utópico. Conozco la fascinación incontrolable que ejerce el ser amado, la avalancha de sentimientos que impiden tomar una distancia prudente, la ambivalencia entre lo que se adora y lo que se aborrece, la necesidad de fusión, la expectativa de perderse el uno en el otro, el desgarro con el que se abandona todo lo demás, lo implícito de quien acepta la muerte de su propio ser y se debate entre su propia agonía o derrota.

Yo amo a una idea, a la idea de él. Lo conozco mucho, razón suficiente para saber que es tan definible como la marea que oscila, suave en un momento y furiosa en otro. Él no camina, se desliza; no habla, susurra; no ríe, abre su alma; no está, y si estuvo, se fue; está, y si no estuvo, desaparecerá cuando menos lo imagines. Me gustan sus ojos, cálidos y distantes, que reflejan la luz como olas castañas; me gusta su voz, imperturbable y armoniosa, que resuena como el crepitar del fuego; me gustan sus facciones saturninas, místicas, inexpresivas en un momento y llenas de emociones en otro; me gusta su piel nacarada e iridiscente; me gusta su cabello, sus bucles adormitadas que refulgen con el brillo del sol.

Murakami

Friday, April 13th, 2012
– ¿Y qué te pareció Murakami?
– Creo que le da pena vivir
– Pero no me estás diciendo si te gustó o no
– Me gustaría si estuviese acostumbrado a comer tierra y a chupar limones.
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Tipos II

Thursday, April 12th, 2012

[Continuación de 1]

… El tipo consecuencia es aquel que hace uso del sentido común, de quien usualmente se dice que tiene los pies sobre la tierra. En contraste, lo afectivo-sentimental constituye la medida en la que el tipo causa se apoya para establecer sus jerarquías. Por ejemplo, pensemos en dos tipos de jefes (uno consecuencia, y el otro, causa), quienes se encuentran en una situación de crisis y se ven obligados a despedir a un cierto número de trabajadores. La preocupación inicial del tipo consecuencia giraría en torno al bienestar de la empresa (aspectos financieros y legales): no podría dormir tranquilo hasta saber que la situación está controlada y que el despido fue, a fin de cuentas, un reajuste necesario que tarde o temprano debía realizarse. Al tipo consecuencia, en cambio, lo primero que se le vendría a la cabeza sería algo así como “¿Y ahora qué le digo a esas personas? ¿Habrá alguna manera de evitarlo? ¿Es necesario llegar a este punto?”.

– Osea que al tipo consecuencia se le presenta una situación de conflicto en donde lo primordial es su resolución, mientras que el tipo causa tiene un enfoque más subjetivo.. El primero acepta dicha situación y se dispone a enfrentarla, mientras que el segundo se niega a subyugarse a ella, razón por la que busca alternativas.

– La situación sigue siendo la misma para ambos tipos; así, la diferencia radica en cómo la interiorizan y, posteriormente, cómo reaccionan ante ella. Sin embargo, no es que el tipo causa “se niegue a subyugarse”, y el tipo consecuencia acepte sin más todo lo que la vida le pone por delante. Lo determinante entre ambos es que cada uno posee un ámbito que le proporciona seguridad y, de cierta forma, les permite experimentar algo cercano a la felicidad. Si bien la mayoría de las personas necesitan un equilibrio entre los aspectos racionales y los sentimentales, me inclino a creer que al tipo causa le debe resultar más fácil sobrellevar una pérdida (laboral, financiera, etc.) si cuenta con el apoyo de su familia o de sus seres queridos, cosa que no sucedería con el tipo consecuencia (quien enfrentaría mejor el problema si estuviera solo, concentrado en sus propios asuntos).

– Eso suena a que el tipo consecuencia es un avaro egoísta que percibe a su familia como una carga, y que el tipo causa es un mártir que lucha al lado de los suyos.

– La realidad es bastante más compleja que eso. La familia no representa una carga para el tipo consecuencia, pero, al igual que lo que sucedía con el jefe consecuencia, se basa más en la seguridad que en los lazos afectivos. Por ejemplo: una persona así tomaría bastante cuidado en no tener más hijos de los que puede mantener, así como tampoco se preocuparía en demasía por el bienestar de aquellos ajenos a su círculo más íntimo. En un aspecto negativo, lo podríamos considerar alguien frío, racional, poco sensible; sin embargo, la firmeza de su carácter permitiría (retomando el ejemplo del jefe) que la empresa sobreviva. “Debo prescindir de algunos trabajadores. No es justo, pero es un tiempo de crisis: ello permitirá ajustar cuentas, de tal forma que nos mantengamos a flote. Si no lo hiciera, no podría cumplir con todos y me vería forzado a tomar medidas que, a la larga, terminarían perjudicando más. Hay decisiones que deben tomarse, por más difíciles que sean” .

(Continúa)

Tipos

Wednesday, April 11th, 2012

Hubo unos días en los que sentí una cólera injustificable, rojiza como la lava, cuyo objetivo estaba sintetizando en una sola palabra: destruir. Después de esa desafortunada temporada, no he hecho más que pensar en lo absurdo que es dejarse llevar por los sentimientos. Me escindí y sostuve una animada conversación:

– ¿Crees que es fácil ejercer el autocontrol y dominar los impulsos, las ganas de reaccionar con brusquedad o violencia?

– No, definitivamente no es algo fácil… Sospecho que depende bastante del temperamento, carácter y personalidad de las personas. Imagina a alguien bastante práctico, que no anda en rodeos y se guía por los hechos. Ahora, por contraposición, piensa en aquel que siente hasta las vísceras, que encuentra difícil separar lo afectivo de lo objetivo, que se involucra y se identifica con los demás. En el primer caso, tenemos a alguien que prioriza cuestionar más el ¿qué? que el ¿por qué? de las cosas: si se cometiese un crimen, una persona así juzgaría conveniente conocer los pormenores de la situación y, conforme a ello, se formaría una opinión con respecto a lo sucedido. En el segundo caso, lo primordial sería cuestionar el ¿por qué? del hecho, las causas de su origen y las motivaciones de los involucrados. Por un lado, la consecuencia, que toma la forma de lo particular (el hecho en sí); por el otro, la causa, que se presenta como lo general, pocas veces preciso o claro.

– Al tipo consecuencia le debe resultar menos complicado reaccionar con ímpetu o fuerza, pues, a diferencia del tipo causa, no se involucraría a tal punto de experimentar los sucesos con demasiada profundidad. En primera instancia, reconoce límites y se guía por hechos. El tipo causa, por el contrario, elucubra y cuestiona, busca el ¿por qué? que subyace a los hechos (aún si se trata de algo nimio o no maquinado): sus guías son las intuiciones, percepciones y, en menor medida, sensaciones.

– Sin embargo, el tipo consecuencia no es un ser que prescinde de sus emociones, ni se separa de ellas. Me parece que, incluso, puede ser bastante sensible, pero hasta cierto punto: como se guía por los hechos, es probable que acuda a ellos en caso de que surjan dificultades…

[Continuará]

Usual

Tuesday, April 10th, 2012

Hey, old man, how many times we gotta tell ya / We don’t want none, but where you been so long? / Hey, girl, come on over / That’ll be just fine / If it ain’t workin’, take a whiz on the world / An entire nation drinkin’ from a dirty cup / My best friend’s long gone, but I got runner ups / When I’m walkin’ my head is practically draggin’ / All I ever see is just a whole lotta dirt / My whole life’s been one long running gag / Two packs of red apples for the long ride home / Well, you know, baby / Sick of walkin’ so you took a wrong way train / Then you sat down and couldn’t get up / My best friend’s long gone but I got runner ups / My best friend’s long gone but I got runner ups / I don’t know if it’s real, but it’s how I feel / Don’t know if you really came, but I feel dumb in askin’ / You shoulda been an actress, you so domineering / Take two white gold earrings for your troubles now / When it’s looking dark, punch the future in the face / Instead of standing, I’m running around / The sharpest tool in school don’t even know what’s up / My best friend’s long gone but I got runner ups

Bucharest

Wednesday, April 4th, 2012

Anraí y edificios altos, cercanos. Estábamos en la habitación que alguna vez me perteneció. Recuerdo perfectamente las paredes rosadas, el imponente ropero y su aroma amaderado, entre tantas cosas… Me asomé por la ventana y desde el segundo piso observé un cúmulo azul de casas-cajas, departamentos esterilizados y límpidos: todas aquellas construcciones emanaban, en general, un resplandor celeste.

Me ha sido imposible recordar cuáles fueron sus palabras: a pesar de sentir cómo mi espíritu se inflamaba de dicha y alegría, el sueño se me presenta como una especie de híbrido entre lo imposible, lo inconmesurable, lo innombrable y lo irresistible. Las escenas, vagas y difusas como la niebla de las memorias, surgen en una secuencia a la que no le puedo asignar ninguna clase de orden o linealidad. Lo que me dijo es, al fin y al cabo, algo de lo que me es posible prescindir: el vestigio de sus palabras yace en la felicidad que surgió de improvisto en mí. ¡Qué más da, si ello la dota de del halo de lo ignoto y la condena a su deificación!

Luego de que hablara, me quedé dormida.

Cuando desperté, imaginé que todo había sido un sueño. Mi madre apareció y me dijo que Anraí se había ido hace ya un buen rato. Seguí sin creerlo; sin embargo, me mostró un mensaje suyo. Es su número, pensé. Esto no puede estar pasando, pero ¡está pasando!… ¿Lo está?

Dos veces antes lo he visto ya a través de esta vía: en la primera hubo también edificios, pero todo indicaba que estaba en Dubai (al menos, esa palabra se me vino a la mente luego de despertar); en la segunda, la luna estaba tan cerca de la tierra que el pavor se apoderó de mí y corrí a través de un malecón desconocido… Si mal no recuerdo, todo tuvo lugar durante la madrugada de año nuevo. En ambas ocasiones, algo en mí me decía Esto no está pasando, pero los hechos sugerían lo contrario. Al despertar, la voz de mi interior obtenía supremacía y se dedicaba a aniquilar los despojos de aquella niebla vaga en la que solo lo imposible parecía encarnarse en una realidad indescifrable y peligrosa, pero bastante cercana a lo que, en mi opinión, sería la felicidad.