Bah

Saturday, September 15th, 2012

Las mujeres tienen un hábito bastante peculiar, que actúa como tranquilizante ante las penas cotidianas: canciones románticas.  Suelen ser cantadas por caballeros gentiles que alaban la verdadera naturaleza de las damas, a pesar de que la mayor parte de estos artistas son homosexuales (Ricky Martin, Romeo, Tiziano Ferro, ¿David Bisbal?, Cristian Castro y un largo etcétera). Me pregunto ¿es justo que estos saqueadores de la tumba del amor cortés pululen libremente y engatusen a las mujeres con sus rimas pegajosas y ajenas? ¿Qué gracia tiene que sean hermosos y (aparentemente) viriles, que juren amor eterno y comparen los ojos de sus amadas con luceros venusinos, si a la hora de la verdad es probable que prefieran retozar con jovencitos imberbes o con viejos bigotones equipados con látigos y mordazas?

No me puedo olvidar de las tardes/noches en las que mi madre limpiaba la habitación y sintonizaba Ritmo Romántica o Carolina FM (que ya no existe, por suerte), ni tampoco de las canciones que yo me encargaba de asociar con cosas o situaciones completamente aleatorias. Por ejemplo: me encontraba leyendo un libro de mitología griega, y cuando llegué a la historia de Dafne y Apolo no pude evitar establecer una conexión poco clara con una canción de Eros Ramazzotti. El punto es que las canciones románticas producen en mí el efecto completamente opuesto al esperado: me hacen imaginar secretarias treintañeras que suspiran en secreto por sus jefes, solteronas que se visten con colores pasteles y sobreviven con  el modesto sueldo de burócrata que apenas les alcanza para comprar pastillas a sus cascarrabias madres, divorciadas que viven en edificios tugurizados y reciben una pensión miserable del ex-marido infiel mientras se preguntan ¿qué demonios le pasó a mi vida? y se convencen a sí mismas de que algún día llegará el hombre ideal, el príncipe azul que las salvará de esa subsistencia que llaman “vida” y les devolverá el brillo de una juventud perdida entre canciones y poemas de amor.

Macabra macabra la pata de cabra

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