Zorba

Wednesday, September 19th, 2012

Y no la quería ver (así como tampoco quería saber), pero terminé cediendo al impulso. Me gustó porque era chocante e irritante, porque a cada rato me ponía en el lugar del simpático inglés y pensaba “Si yo fuera él, lo primero que haría sería mandarle una patada al infeliz vividor que da vueltas como animalito”. Oh sí, entre griegos se entienden, pero ¿A QUÉ VIENE TANTA COMPLACENCIA? Y comentan -en off- la influencia de las dicotomías nietzschanas y dicen que Kazantzakis era también filósofo.

A mí no me cae el sileno: no puedo soportar su falta de autocrítica ni ese exuberante optimismo que deposita en la providencia. Me desagrada su pragmatismo seco, me incomoda su sexualidad descarnada, me repugna su risa tosca y el uso indiscriminado que hace de su simpatía. Puedo imaginarlo como una especie de fauno errante, incapaz de asentarse tanto espacial como metafóricamente, una criatura que se exculpa con la misma facilidad con la que se aferra a la circularidad del carpe diem. Es curioso cómo hace para dividir sus convicciones con descaro, extrayendo conclusiones impresionantes que, solo si se las contempla desde una perspectiva panorámica, se muestran regidas por su verdadera motivación: el oportunismo. Aquello que le conviene recordar (por consecuencia, de lo que puede aprender) se separa de aquello que ha interiorizado apenas como si se tratase de un par de párrafos memorizados, hecho que le permite desvincularse emocionalmente de “lo que sucedió”.

El inglés, por otra parte, vendría a representar la antítesis apolínea de Zorba. Es tímido, vive de sus ideas y reflexiones, le entrega su confianza a un Zorba que se presenta a sí mismo como hombre de mundo, es escéptico y no cae en el patetismo visceral que constituye el fuego que crepita en el alma del griego. En un inicio, se niega a acostarse con la viuda; en el momento en que abandona (por así decirlo) su pedestal, sucumbe ante las exigencias de un mundo al que es completamente ajeno. Este hecho se evidencia durante la lapidación de la mujer, en donde Basil apenas atina a mandar a llamar a Zorba y a observar a lo lejos el maltrato de aquella con quien había dormido la noche anterior.

La escena del asesinato de la mujer me resultó verdaderamente estremecedor (junto con la de la muerte de Bouboulina, de la cual no hablaré) precisamente porque Basil permaneció impotente, asombrado pero incapaz de separarse de la multitud vociferante y acudir en defensa de la viuda. Mi primera reacción fue pensar que fue una actitud cobarde, pero luego reflexioné y pensé: ¿habría el acudido al lecho de la mujer en cualquier otra ocasión? Vale recordar que se encontraba ebrio y que estaba completamente afligido, fuera de sí. El hecho de que el vino (símbolo de Baco) haya resultado una especie de detonante de las pasiones no exploradas de Basil me hizo pensar en Zorba: ¿no fue éste quien le exhortó a acudir al llamado de la mujer, tratando de convencerlo de su ausencia se interpretaría como desprecio? ¿no insistió en numerosas ocasiones, a pesar de la actitud pudorosa de Basil? El característica dominio inglés se vio dominado por la sangre griega (vale aclarar que Basil se crió en Inglaterra, pero uno de sus padres era griego) que bullía en su interior y se personificaba en Zorba.

He allí que ese “despertar” corresponde no solo a la imagen del excéntrico Zorba que vivía libre, sino también a la sangre griega que la educación británica había, aparentemente, civilizado. Dionisio y Apolo se encuentran en las experiencias y disposiciones, en los sucesos y temperamentos; así, Basil no supo cómo reaccionar ante una población indómita dispuesta a lapidar a la viuda, precisamente porque ante tamaño despliegue de pasiones volvió a aflorar su lado racional. Probablemente pensó que no podía hacer nada, que el pueblo tenía sus propias tradiciones, que había mucha gente y lo matarían a él también, etc…; el caso es que pensó y no actuó. Zorba, por otra parte, reaccionó instintivamente al ver que los lugareños se disponían a asesinar a una mujer. Muy aparte de que él estuviese al tanto de las tradiciones, costumbres e idionsicrasia propia de los griegos, en su carácter se deja entrever esa especie de consideración/condescendencia con las mujeres, a quienes considera criaturas débiles a las que es preciso proteger.

Lo que más me llamó la atención fue el mensaje que, en mi opinión, se revela entre líneas: la adecuación. Basil, como buen Apolo, no se encuentra a gusto en los bacanales de Dionisio. Puede intentar desprenderse de esa racionalidad y camuflarse entre los sátiros, pero ¿hasta qué punto? Hablar de polaridades es hablar de ángulos que es preciso trascender e integrar. De esta manera, el conflicto (el asesinato de la viuda) podría constituir la destrucción del espectro del paraíso apolíneo, incluso más que el despertar sexual. El sexo es transitorio, la muerte es infranqueable. Basil vive ambos sucesos de manera atropellada, casi sin espacio para diferenciar y reflexionar sobre dichas experiencias por separado: una vez pasado el umbral, le es imposible habitar el estado de placidez en el que antes se encontraba su conciencia.

Macabra macabra la pata de cabra

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