Gargamel

Tuesday, December 25th, 2012

Te aborrezco y si pudiera destruirte, te destruiría. Enterraría tu cabeza en el fango, te obligaría a ahogarte con el peso de tu propia vacuidad, forzaría tu complacencia hasta hacerte estallar en lágrimas. Te desprecio y si pudiera hacerte desaparecer para siempre, no lo pensaría dos veces…

Pero temo a mis propias bajezas. Temo la bestialidad que subyace bajo las capas de la tierra, temo al fuego que purifica y consume a la vez, temo la exposición de cicatrices secas, temo al arrepentimiento y a la conciencia. ¿Cómo puedo ignorar algo que quema tanto, una luz que pulsa indefinidamente ante mis ojos? Me molesta, me irrita, me perturba. Si la apago, ¿tendré que volver a revivir mis errores pasados? ¿Seré obligada a hurgar por migajas y pistas en un rincón oscuro? ¿Volveré a repetir el ciclo de dependencia y desapego?

Ojalá desapareciera. ¿Llegué a aprender lo necesario, o solo me limité a encubrir las carencias y a ponerles nombres nuevos? Podrido. Podrida la muerte, corrupta la vida; duele el luto, pero si no mueres, no podré renacer. La ambivalencia suele ser retrógrada, como la duda, pero su fortaleza arrastrará consigo los restos del invierno.

Macabra macabra la pata de cabra

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