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Sunday, March 24th, 2013

La noche se me antoja ajena y arcaica. Tallo lápidas aquí, sin nadie que se instale entre los barrotes cruzados de mi cabeza. Despierto con el crujido triunfal de las polillas. Las sábanas arden en témpanos de sangre, se deshacen como azúcar derretido bajo los mares de sal. El martilleo de mis pensamientos conjura un ritmo uniforme que evoca percusiones y se explaya a sí mismo a través de los silencios que mi cerebro interpreta como susurros:

Es un alivio esterilizar la dependencia

Se hizo imposible conservar la crisálida una vez destruida la oruga. Las fuerzas primigenias se esquivan y repelen, colisionan y destruyen. Probablemente nos conocieron en otros tiempos, pues terminaron por diseminarse… Y me forzaron a hacer el trabajo sucio. 

Solo me queda rescatar la última palabra que se me vino a la mente, para después enterrar el asunto y no dedicarle ni un pensamiento más:

Alivio

Macabra macabra la pata de cabra

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