Anfibio, el Inhumano

Sunday, April 28th, 2013

Anfibio es un ser híbrido, distante, hambriento, ambivalente y marcadamente territorial. Despista a sus congéneres con astucia: adopta una actitud desvalida y meditabunda que le confiere un aire de teólogo-ermitaño-asceta-escolástico preocupado por descubrir la fórmula alquímica de la virtud, fachada que le sirve para camuflar a la voraz criatura que arrulla en su interior. Su natural reserva, sumada a la incapacidad que tiene para desvincularse de su gemelo parásito imaginario, lo convierten en un trotamundos existencial que goza sin pena ni gloria el egofílico placebo de la autocomplacencia emotiva.

Anfibio ha nacido para ser apreciado a lo lejos. Si te acercas más de lo debido, no podrás evitar constatar que su inhumanidad conmueve tus fibras más sensibles, al extremo que terminarás repudiándolo con un pudor obsesivo y febril. Es necesario establecer una distancia prudente para no dejarse envolver por el veneno paralizante de su orfandad, pues el monstruo hambriento que devora sus entrañas (nada menos que su gemelo parásito imaginario, una suerte de agujero negro que absorbe su conciencia y lo deja reducido a un ser plácido y terriblemente atormentado por odiseas cotidianas) es insaciable y se nutre de su propio reflejo en los espejos rotos.

Anfibio tiene ojos de nube y el alma llena de bruma. Su vacuidad lo vuelve mezquino e infantil, caprichoso e irreverente, como solo pueden ser los seres que sueñan que duermen y viven soñando. Sufre por cosas que ni él mismo entiende y, sin embargo, está provisto de un aura magnética que le permite desdoblarse y fusionarse con el mundo que tanto desdeña.  Mientras la bruma lo despista, su corazón crece y se va convirtiendo en una masa deforme, gelatinosa, como un globo gigante y terrible. Lo más probable es que ignore que, muy en el fondo, se encuentre el altar en donde deba sacrificarse a sí mismo. Solo su muerte podrá redimirlo y elevarlo hacia planos que ahora no osaría siquiera imaginar. Si no lo hace, seguirán lloviendo sus párpados y se convertirá en una estatua bonita y agradable…pero solo a lo lejos. De cerca, las erosiones del tiempo y los huecos en la piedra mostrarán a una figura inanimada y triste, vacía.

Macabra macabra la pata de cabra

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