Archive for the ‘análisis’ Category

Marte

Sunday, April 20th, 2014

6/11/1991 a las 11:31 am: el luminar a tomar en cuenta debe ser el Sol (nacimiento matutino)

¿Ángulo?: Sí, casa X
¿Maléfico conjunto a un luminar?: Sí, Marte conjunto al Sol y a la Luna (ambos luminares)
¿Punto medio entre dos luminares?: Sí. Sol 14°45, Marte 14°17, Luna 16°23 (escorpio)
¿Algún benéfico que comparta la configuración?: Sextil separativo del Sol con Júpiter. Semicuadratura aplicativa (aspecto exótico) entre el Sol y Venus
¿Gobernantes de los luminares localizados en lugares controlados o pertenecientes por maléficos?: Sí, pero Marte es dispositor y está domiciliado

¿Luminar en conjunción/cuadratura/oposición partil a maléfico no dignificado?: No. Conjunción (del Sol) aplicativa con Marte (domicilio escorpio), cuadratura separativa con Saturno (domicilio acuario)
¿Luminares cadentes?: No. Angulares

DETERMINAR HYLEG:

El Método  de Ptolomeo 

Los lugares de Hyleg son los primeros (5 grados sobre y 25 debajo del Ascendente) casas 11,  10, 9 y 7. 

1)      Busque cualquier luminar que esté en un lugar del Hyleg. Sol (escorpio) a 5° bajo el MC

2)      Si el Punto 1 falta, entonces calcule los Almuten de la posición de los Grados del  sol, la Luna, el Ascendente, la Parte de Fortuna y la Conjunción antes del nacimiento. Este  planeta debe tener honores para cualquier dignidad, en por lo menos tres de los anteriores  lugares zodiacales. Este planeta es entonces el Hyleg.

Encontrando el Alcocoden.-El Alcocoden es el planeta que forma un aspecto Ptolemaico al Hyleg y tiene la más grande dignidad en el lugar del Hyleg. Así uno busca a los planetas que están formando  los aspectos al Hyleg. Si más de un planeta aspecta al Hyleg y tiene  dignidad allí,  entonces es el planeta que tiene más puntos […] El planeta que  forma el aspecto con el orbe más pequeño se selecciona.

Planeta que aspecta al Hyleg (Sol) y tiene dignidad allí: Marte (escorpio)

Habiendo determinado el Alcocoden, el astrólogo puede medir ahora la longitud de la vida.  A cada Planeta se le asignan un determinado número de años […] (Menores, Medios y Mayores). La asignación del número de años al Alcoccoden están determinados por su condición. Los aspectos reciben, agregan o substraen años dependiendo de los aspectos que hacen los planetas.

Marte. Por posición: ANGULAR, DOMICILIADO = 66 años

 

Los aspectos al Alcoccoden.- Si los benéficos hacen aspectos de conjunción, trígono o sextil al Alcoccoden, estos planetas agregan años a la vida, normalmente años Menores del planeta que hace el aspecto y meses en términos del número de los aspectos benéficos con Años medios, sin embargo, aspecto de los maléficos al  Alcocoden por una conjunción, cuadratura u oposición, entonces ellos toman los años de la vida  en sus años Menores y los meses en sus años Medios. Sin embargo, si ellos están en  una condición zodiacal pobre, entonces usted agrega el número de años para los años Menores y  sólo días, en lugar de meses, para los años Medio o si están en condición muy mala sólo el número de meses durante los años Menores y si también retrograda entonces usted agrega semanas no meses.

Aspectos a Marte (sin contar transaturninos):
CONJUNCIÓN SEPARATIVA SOL: -19 años – 69,5 meses
CONJUNCIÓN APLICATIVA LUNA: +25 meses (la posición de la luna, en escorpio, es pésima)
SEXTIL SEPARATIVO JÚPITER: +19 meses (posición de júpiter, en virgo, es mala)

66 años – (19- 5,7 años) + 2,08 + 1,58
66 – 13,3 + 3,66 = 56,36 años
Si calculé bien, me moriré a esa edad.

Ahora, veamos los tránsitos calculados para enero del 2048 (la fecha ideal sería abril, pero hay un margen de error).

horror

Saturno en tránsito por casa 12 (regente de casa XII) conjunto a Urano natal (regente del ascendente), y forma un trígono con Urano en tránsito (el mismo que hace conjunción a júpiter) en la casa 8. Asimismo, Neptuno en tránsito (Tauro) habría ido formando una oposición a mi stellium en escorpio.. reforzado por el tránsito de júpiter.

Bueno, espero que los cálculos sean correctos.

CRÉDITOS:
La información en cursiva la tomé de la página web Astrochart. Recomiendo leerla, en caso se desee hacer cálculos similares.. Y bueno, dejo este modelo en excel con la justificación respectiva de las dignidades planetarias:

El sueño de la razón produce ___

Saturday, September 28th, 2013

El revoltijo impositivo nos instaba a ser meticulosos de forma extraoficial. La inconstancia de los cánones era, ante todo, una necesidad recesiva: teníamos que donar las células muertas antes de caer en cuenta de que lo más indicado solía ser, en resumidas cuentas, inaccesible. Nos dirigían con el convencimiento absoluto de quien maquina un genocidio ajeno, trágico e impersonal. “Cuidémonos de los pasajeros ambivalentes”. La disparidad de los objetos se manifestaba en sus palabras: “Obedezcan las normas. La sintaxis es la máquina del auto-sometimiento. Si la adoptan, vibraremos como cataplasmas”. 

Nunca le pude decir lo mucho que para mí significaron sus constantes agravios. ¡Qué exquisitos, cuán temperamentales y sutiles! La crueldad de una criatura inocente es encantadora, pues surge con la pureza maniática e irreprimible de los visionarios: es un torrente de fuego incontrolado, que supera las fuerzas del agente y lo transmuta en medio de la catarsis.

Esas espadas, ¿nos herían para anticipar las estocadas de la muerte? ¿Eran meros rasguños de quien cree ir fortaleciéndose dentro de su propio cascarón? ¿Fueron parodias de prácticas perversas que solo se nombran de forma oblicua? ¡Quién sabe! No supimos elegir, apenas podíamos elucubrar.

Encuentro consuelo en las oscilaciones de mis pensamientos. Me refugio en la clandestinidad, en la lejanía y la petrificación de los recuerdos. Quedan grabadas las palabras que se repiten en un universo infinito;

 

MONSTRUOS

Velocirráptor

Sunday, April 28th, 2013

Velocirráptor no odia a nadie, pero me miró con unos ojos descolgados e hiperbólicos, una masa plasmática que revelaba el intento desconocido e infructuoso de gritarle improperios a los transeúntes y a cada uno de los habitantes de Pangea que viven sin pena ni gloria en el inodoro de dios.

Velocirráptor y yo no hablamos el mismo idioma porque nos separan un par de millones de años de involución. Me saca de quicio cada vez que intento interpretar un mensaje literal, cada vez que dice que tiene hambre y yo pienso “está ansioso y agresivo, habrá que sobornarlo con historias raras”, cuando de repente le empiezan a sonar las tripas y se pone a correr feliz. Definitivamente, no puedo alcanzar la rapidez de Velocirráptor. Tampoco entiendo por qué tiene necesidad de migrar durante el invierno, o las razones por las cuales corre hasta perderse de nuevo.

Mi conclusión es la siguiente: hay un par de millones de años que me separan del mundo de Velocirráptor. Como yo creo que el universo se contrae, la flecha de tiempo está invertida y, por tanto, el bípedo es una versión más escueta, simple y homogénea (aunque evolucionada) de mi humanidad. Velocirráptor no se preocupa porque sabe que nos caerá un meteorito encima, Velocirráptor corre y corre porque trata de huir de algo de lo cual es inevitable escapar.

En estos momentos, creo que Velocirráptor me está odiando y me siento triste porque es amigable, un bípedo carnívoro buena gente a quien me encanta oír hablar de la extinción en masa y esas cosas raras que nadie sabe explicar, porque todos somos humanos y yo sólo espero morir decentemente en un tsunami (o lo que sea).

La verdad es que envidio el hecho de que no me va a aplastar un meteorito.

*Escrito en marzo del 2011

Anfibio, el Inhumano

Sunday, April 28th, 2013

Anfibio es un ser híbrido, distante, hambriento, ambivalente y marcadamente territorial. Despista a sus congéneres con astucia: adopta una actitud desvalida y meditabunda que le confiere un aire de teólogo-ermitaño-asceta-escolástico preocupado por descubrir la fórmula alquímica de la virtud, fachada que le sirve para camuflar a la voraz criatura que arrulla en su interior. Su natural reserva, sumada a la incapacidad que tiene para desvincularse de su gemelo parásito imaginario, lo convierten en un trotamundos existencial que goza sin pena ni gloria el egofílico placebo de la autocomplacencia emotiva.

Anfibio ha nacido para ser apreciado a lo lejos. Si te acercas más de lo debido, no podrás evitar constatar que su inhumanidad conmueve tus fibras más sensibles, al extremo que terminarás repudiándolo con un pudor obsesivo y febril. Es necesario establecer una distancia prudente para no dejarse envolver por el veneno paralizante de su orfandad, pues el monstruo hambriento que devora sus entrañas (nada menos que su gemelo parásito imaginario, una suerte de agujero negro que absorbe su conciencia y lo deja reducido a un ser plácido y terriblemente atormentado por odiseas cotidianas) es insaciable y se nutre de su propio reflejo en los espejos rotos.

Anfibio tiene ojos de nube y el alma llena de bruma. Su vacuidad lo vuelve mezquino e infantil, caprichoso e irreverente, como solo pueden ser los seres que sueñan que duermen y viven soñando. Sufre por cosas que ni él mismo entiende y, sin embargo, está provisto de un aura magnética que le permite desdoblarse y fusionarse con el mundo que tanto desdeña.  Mientras la bruma lo despista, su corazón crece y se va convirtiendo en una masa deforme, gelatinosa, como un globo gigante y terrible. Lo más probable es que ignore que, muy en el fondo, se encuentre el altar en donde deba sacrificarse a sí mismo. Solo su muerte podrá redimirlo y elevarlo hacia planos que ahora no osaría siquiera imaginar. Si no lo hace, seguirán lloviendo sus párpados y se convertirá en una estatua bonita y agradable…pero solo a lo lejos. De cerca, las erosiones del tiempo y los huecos en la piedra mostrarán a una figura inanimada y triste, vacía.

El día en que conocí a Unterweger

Monday, February 4th, 2013

Está vestido de blanco. ¿Por qué habría de recordar sus palabras, vanas y provistas de un falso dejo austríaco? Es un ángel vulgar y ambiguo, complejo como solo pueden ser los hombres, cruel como solo llegan a ser aquellas mujeres cuyo primer amor no es correspondido. Oh, yo sé que tienes otro nombre, sé que tienes infinitas máscaras y muchas voces, sé que me encuentro en la más terrible orfandad emocional y ahora sí puedo estar completamente segura de que en estos instantes mis pensamientos se están separando de mi propio ser. Te veo a lo lejos, tan cerca que no te reconozco, un pedazo de bruma de nieve, los ríos sanguinolentos dentro de tu iris, la cuerda infinita que bordea el terreno marfileño alrededor de algún cuello ajeno, el grito indómito que retuerce las gargantas de cristal de la madre y las víctimas. Antropófago, eterno suicida. Tras la mesa rota y el juego de dados con la muerte, lo único que queda es incertidumbre. La música aprisiona mi cráneo, lo vuelve cuadrado, le roba el eco de los retumbes y los coloca en mi pecho. Mi corazón está en mi cabeza, mi cerebro está en mi pecho. No entiendo nada, lo siento todo, entiendo lo que siento y siento lo que entiendo. Estoy tan loca que ya parezco cuerda, y viceversa.

Y viceversa.

Jane Eyre

Wednesday, January 9th, 2013

Si hay algún tipo de películas que detesto, de hecho, son las comedias románticas. Basta que salga la lagartija despechada de Jennifer Aniston (piel naranja, cabello rubio-paja-california, bisílabos moluscoides,”sweetie”, “darling”, “sweetheart” y su perenne expresión de enajenada mental), la larva misógina de Steve Carrell o el panzón insufrible de Vince Vaughn, para que piense seriamente en cambiar de canal o tirar el dvd pirata al tacho. Notable excepción: Adam Sandler. Sus películas antiguas (The Waterboy, Happy Gilmore, Mr. Deeds) me encantan y si las repiten en alguna emisora whitetrashera, me emociono y las veo hasta el final.

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Aparte de las comedias románticas, confieso que también le guardo cierta antipatía a los dramas familiares sin muertos, las comedias adolescentes, las de acción sin una trama compleja y las históricas con moraleja edificante. Pero sobre todo, sobre toda mi jorobada espalda que lleva a guantando durante dos décadas la atlásica carga de prejuicios contra los finales felices, lo que más me enervan son las películas cursis, esperanzadoras y empalagosas: las películas de amor. Si una pareja se va a jurar amor eterno, ¡que alguno de los dos muera!….De otra forma, no tiene sentido.

Como todo buen principio anclado en la intransigencia de una cabeza bastante plutoniana, se me hace inconcebible un amor a lo Romeo y Julieta (yo diría que eran un par de adolescentes con las hormonas revueltas: Romeo cambiaba de amada como quien cambia de sombrero emplumado del Renacimiento y Julieta era una crédula maleable enamorada del amor, ambos sin una pizca de autoconciencia). Por eso, cuando vi la última versión (2011) de Jane Eyre, me emocioné hasta jalarme los cabellos.

El nuevo Rochester es mucho más cortés y simpático que el del libro, lo que no significa que sea menos agresivo. Es mordaz, obsesivo, iracundo, atormentado y tiene un humor del demonio. Jane, por otro lado, es serena, autocontrolada, distante, silenciosa, inteligente, pulcra y sobre todo, sensata. A primera vista, parece hecha de hielo (incluso, indolente); no obstante, más allá de esa capa de frialdad se esconde una mujer profundamente sensible que, debido a la orfandad, ha aprendido a vivir de manera frugal e independiente. Lo que más me gustó del personaje es la desconfianza que subyace bajo una aparente timidez, y la fuerza que oculta en su aspecto desvalido: en un primer momento, no se fía de las intenciones de Rochester y no le sigue el juego. Tomando en cuenta la época y la situación en que se encuentra Jane, su actitud me pareció increíble: ¿a cuántas huérfanas criadas en un ambiente femenino, entrenadas para convertirse en institutrices o amas de llaves, puede uno imaginar con tanto carácter y madurez? No puedo evitar pensar en ella como una suerte de excepción a la regla, una muchacha que, siendo aún niña, ha aprendido una premisa básica que la mayoría de jóvenes tienden a ignorar: no confiar en extraños.

¿Cómo es que una mujer educada entre y por sus pares puede, por así decirlo, “mantener los pies en la tierra” y ver la realidad dentro de las ilusiones que suelen germinar con facilidad en la mayoría de féminas? La espera del hombre ideal, el matrimonio, el amor eterno, el sacrificio, el ideal de esposa y demás mitos de sumisión solo pueden ser rebatidos por un contacto directo (e incluso doloroso) con el lado menos amable de la vida. Jane sufre la muerte de sus padres y el desprecio de su familia, quienes buscan apoderarse del patrimonio de la niña; posteriormente, es enviada a una institución fría y lejana. Evidentemente, los cuentos de hada quedan relegados a un oscuro rincón dentro de sus anhelos y sueños: su natural sensibilidad le impide deshacerse de ellos, pero sus vivencias le han mostrado que dejarse llevar por ellos puede ser peligroso. Así, ¿qué habría hecho cualquier otra ante la propuesta de Rochester? Me imagino a una muchacha cegada por la idea del amor, dispuesta a otorgar una “prueba de amor” al primer hombre que le ofreciera los versos más hermosos del mundo y una caminata bajo la luz de la luna. Debido a las limitaciones que sufrían las mujeres entonces, ese “sacrificio” le hubiera costado caro, sobre todo porque la mayoría de caballeros que mantenían amoríos con doncellas de menor categoría no cumplían las promesas de matrimonio, limitándose a dejarles un niño en el vientre y a darles unas cuantas monedas como compensación. Probablemente, Jane tenía esto en claro: traicionada por su propia familia, la vida le había enseñado a desconfiar y a andar por cautela. Rochester era un alma atormentada en busca de redención y quedó fascinado ante la sutileza y sosiego de la institutriz, una calma que se fue formando como si se tratase de una herida cicatrizada por el tiempo. En ella, a diferencia de Rochester, el sufrimiento y el dolor no transformaron su ser más íntimo en veneno y rencor, sino que le otorgaron sabiduría; él, por otra parte, sucumbió y llegó a ser perverso.

jane-eyre6-1024x692Cierto! También actúa Jamie Bell (sí, el de Billy Elliot)… Me encantó (y también me dio risa) la parte en que Jane siente el llamado de Rochester, y al buen clérigo (de nombre St. John, increíble pero cierto) casi se le salen los ojos de despecho:


Why have you not yet crushed this lawless passion?

IT OFFENDS ME AND IT OFFENDS GOD!

Y siguiendo con el tema en general, luego de ver algunas películas suyas (X Men: First Class, A Dangerous Method, Prometheus, etc.), acabo de descubrir a un actor genial: Michael Fassbender. Demonios, es hermoso como Judas Iscariote y sus actuaciones son sencillamente soberbias… Cada vez que lo veo, pienso “este tipo no debería existir”, y a pesar de ser ariano me parece glorioso (como la muerte, como Jesucristo, como Hades). Mi actor favorito sigue siendo Gerard Butler, pero gracias a un blog que acabo de descubrir hace unos días (Astrología Simple), exactamente en una entrada FABULOSA que recomiendo ver de todas formas: La prueba aries.

Ojo: no me gusta Aries. Lo considero un signo poco complejo, muy marciano y sin la profundidad característica de escorpio… PERO FASSBENDER ES COMO RAMBO, así todo rojo-muerte. Voy a ver “Shame”, y qué demonios con su desnudo, trataré de evitar pensar que lo hizo por razones comerciales o morbo. Sin embargo, que viva Gerard Butler.

Afinidad y carácter (I)

Thursday, September 20th, 2012
¿Cómo es que uno puede modificar sus propias consideraciones con respecto a alguien con tanta facilidad? Establecer vínculos con personas eminentemente racionales puede llegar a ser tedioso, sobre todo cuando valoran sus experiencias/emociones en términos cuantitativos y utilizan la razón para sentir, situación en la que sus emociones prácticamente pasan a convertirse en un remedo de definiciones, significados, atribuciones e imágenes intelectualizadas e infértiles. Por el contrario, las personas eminentemente pasionales dan a menudo la impresión de estar gobernadas por un hado maléfico que las arrastra hacia la imprudencia y la desmesura, en tanto responden con prontitud al llamado de sus propias emociones y se muestran incapaces de tomar en consideración la presencia (e incluso interferencia) de agentes externos. De esta forma, los problemas fundamentales que corresponden a ambas polaridades tendrían su expresión en la artificiosidad y la maquinación, en el primer caso, mientras que en el segundo estarían representadas por una sensibilidad a flor de piel que, si no se sublima, podría producir tal grado de irritación que inclinaría a la persona que la padece a centrarse exclusivamente en su propia afección.
  
Soy de aquellas que creen que pertenecer a tal o cual categoría (pues hay tantas y tan disímiles entre sí, que no valdría la pena enumerarlas) es un hecho meramente subjetivo, y que los constantes juicios de valor sobre tales aspectos no tienen razón de ser. En mi opinión, lo más prudente sería pasar a tomar por adecuado aquello que la persona o el autor X considera como bueno, e inadecuado lo que no. Como ejemplo, tomemos en consideración a la figura del héroe romántico del siglo XIX en contraposición a la del héroe contemporáneo (que vendría a ser una suerte de anti-héroe según los cánones del romanticismo);
   
En primer lugar, el héroe romántico encuentra su arquetipo en Werther, de Goethe. Autores similares (Hoffmann, Heine, Schiller) alabaron la pasión que inflamaba a sus personajes y los instaba a sacrificarse por amor a una mujer, a una causa o un ideal. Lo que me parece curioso es que dicha pasión (como la denominan los mismos autores) no es precisamente la misma que en la actualidad identificamos con lujuria o desenfreno; se trata, más que todo, de un híbrido entre las sosas galanterías del amor cortés y la tragedia extática que experimenta ya no el caballero de antaño en el campo de batalla, sino el artista o intelectual que se contempla a sí mismo a través de la soledad de la naturaleza.
  
En algunas ocasiones, mientras leía los diálogos de estos personajes, me sentía invadida por cierto escepticismo que hasta hace algunos años no había sido más que admiración y embeleso. Muy a mi pesar, empecé a desarrollar ciertas sospechas con relación a la legitimidad, el alcance y las motivaciones ocultas de sus sentimientos. Cuando le comenté mi preocupación a un amigo, éste me respondió que no tenía caso intentar ponerse en el lugar de un ser concebido dentro de una cabeza ajena. Me pareció que había algo de cierto en ello: ¿qué demonios pretendía yo al juzgar un cúmulo de palabras que recreaban el fragmento congelado de algún espacio-tiempo condenado a repetirse indefinidamente con cada leída que se le diera? Las palabras allí escritas permanecerán en el mismo lugar en el que estuvieron ayer y en el que habrán de estar mañana; soy yo, sin embargo, quien las interpretará de acuerdo a experiencias afines. El lector que se deja llevar por la historia se ve súbitamente envuelto en una travesía en la que sus propias vivencias se contrastan con las de los personajes. La ventaja de los relatos radica en que quien los lee puede seguir el desarrollo y apreciar las consecuencias de determinadas acciones y actitudes que, dependiendo del caso, permiten entrever los mecanismos que subyacen en lo profundo de la obra; así, quien se adentra en ella y la vive, aunque sea durante algunos instantes, tiene la capacidad de desprenderse de sus propias convicciones y condicionamientos.
 

Zorba

Wednesday, September 19th, 2012

Y no la quería ver (así como tampoco quería saber), pero terminé cediendo al impulso. Me gustó porque era chocante e irritante, porque a cada rato me ponía en el lugar del simpático inglés y pensaba “Si yo fuera él, lo primero que haría sería mandarle una patada al infeliz vividor que da vueltas como animalito”. Oh sí, entre griegos se entienden, pero ¿A QUÉ VIENE TANTA COMPLACENCIA? Y comentan -en off- la influencia de las dicotomías nietzschanas y dicen que Kazantzakis era también filósofo.

A mí no me cae el sileno: no puedo soportar su falta de autocrítica ni ese exuberante optimismo que deposita en la providencia. Me desagrada su pragmatismo seco, me incomoda su sexualidad descarnada, me repugna su risa tosca y el uso indiscriminado que hace de su simpatía. Puedo imaginarlo como una especie de fauno errante, incapaz de asentarse tanto espacial como metafóricamente, una criatura que se exculpa con la misma facilidad con la que se aferra a la circularidad del carpe diem. Es curioso cómo hace para dividir sus convicciones con descaro, extrayendo conclusiones impresionantes que, solo si se las contempla desde una perspectiva panorámica, se muestran regidas por su verdadera motivación: el oportunismo. Aquello que le conviene recordar (por consecuencia, de lo que puede aprender) se separa de aquello que ha interiorizado apenas como si se tratase de un par de párrafos memorizados, hecho que le permite desvincularse emocionalmente de “lo que sucedió”.

El inglés, por otra parte, vendría a representar la antítesis apolínea de Zorba. Es tímido, vive de sus ideas y reflexiones, le entrega su confianza a un Zorba que se presenta a sí mismo como hombre de mundo, es escéptico y no cae en el patetismo visceral que constituye el fuego que crepita en el alma del griego. En un inicio, se niega a acostarse con la viuda; en el momento en que abandona (por así decirlo) su pedestal, sucumbe ante las exigencias de un mundo al que es completamente ajeno. Este hecho se evidencia durante la lapidación de la mujer, en donde Basil apenas atina a mandar a llamar a Zorba y a observar a lo lejos el maltrato de aquella con quien había dormido la noche anterior.

La escena del asesinato de la mujer me resultó verdaderamente estremecedor (junto con la de la muerte de Bouboulina, de la cual no hablaré) precisamente porque Basil permaneció impotente, asombrado pero incapaz de separarse de la multitud vociferante y acudir en defensa de la viuda. Mi primera reacción fue pensar que fue una actitud cobarde, pero luego reflexioné y pensé: ¿habría el acudido al lecho de la mujer en cualquier otra ocasión? Vale recordar que se encontraba ebrio y que estaba completamente afligido, fuera de sí. El hecho de que el vino (símbolo de Baco) haya resultado una especie de detonante de las pasiones no exploradas de Basil me hizo pensar en Zorba: ¿no fue éste quien le exhortó a acudir al llamado de la mujer, tratando de convencerlo de su ausencia se interpretaría como desprecio? ¿no insistió en numerosas ocasiones, a pesar de la actitud pudorosa de Basil? El característica dominio inglés se vio dominado por la sangre griega (vale aclarar que Basil se crió en Inglaterra, pero uno de sus padres era griego) que bullía en su interior y se personificaba en Zorba.

He allí que ese “despertar” corresponde no solo a la imagen del excéntrico Zorba que vivía libre, sino también a la sangre griega que la educación británica había, aparentemente, civilizado. Dionisio y Apolo se encuentran en las experiencias y disposiciones, en los sucesos y temperamentos; así, Basil no supo cómo reaccionar ante una población indómita dispuesta a lapidar a la viuda, precisamente porque ante tamaño despliegue de pasiones volvió a aflorar su lado racional. Probablemente pensó que no podía hacer nada, que el pueblo tenía sus propias tradiciones, que había mucha gente y lo matarían a él también, etc…; el caso es que pensó y no actuó. Zorba, por otra parte, reaccionó instintivamente al ver que los lugareños se disponían a asesinar a una mujer. Muy aparte de que él estuviese al tanto de las tradiciones, costumbres e idionsicrasia propia de los griegos, en su carácter se deja entrever esa especie de consideración/condescendencia con las mujeres, a quienes considera criaturas débiles a las que es preciso proteger.

Lo que más me llamó la atención fue el mensaje que, en mi opinión, se revela entre líneas: la adecuación. Basil, como buen Apolo, no se encuentra a gusto en los bacanales de Dionisio. Puede intentar desprenderse de esa racionalidad y camuflarse entre los sátiros, pero ¿hasta qué punto? Hablar de polaridades es hablar de ángulos que es preciso trascender e integrar. De esta manera, el conflicto (el asesinato de la viuda) podría constituir la destrucción del espectro del paraíso apolíneo, incluso más que el despertar sexual. El sexo es transitorio, la muerte es infranqueable. Basil vive ambos sucesos de manera atropellada, casi sin espacio para diferenciar y reflexionar sobre dichas experiencias por separado: una vez pasado el umbral, le es imposible habitar el estado de placidez en el que antes se encontraba su conciencia.

El honor, la venganza y las mujeres

Saturday, August 18th, 2012

Llegué a la mitad de “Rojo y Negro”, el cual empecé a leer apenas hube terminado con “El Hombre Ilustrado” y “Fahrenheit 451”. Aún no acabo con el primero, pero siento que los libros de Stendhal son la muerte de los de Bradbury, y viceversa. ¿Me equivoco o voy muy aprisa al considerar al joven veinteañero, culto y hermoso pero pobre, ambicioso, inocente en un inicio y perverso después, como el arquetipo del (¿anti?) héroe francés del siglo XIX? Flaubert, Balzac, Dumas, relatan las peripecias de un protagonista que empieza a florecer y abrirse al mundo, un joven cuya ignorancia en intrigas, cortejos y astucias lo convierten en blanco de constantes desengaños y sufrimientos. No obstante, de aquella candidez, comparable a un velo diáfano que le cubre los ojos y que va cayendo conforme avanza la trama, no queda nada luego de que yace con una mujer.

Esta mujer, a mi parecer, poco tiene de la cándida e insulsa virgen medieval o de la inaccesible musa de los poetas del renacimiento. Si los juglares se deleitaban alabando la palidez de una u otra princesa o doncella que correspondía con casto fervor al amor de un valeroso caballero a quien probablemente solo había visto un par de veces en toda su vida, ¿cómo se explica que, súbitamente, ambos prefieran la muerte antes que separarse o comprometerse con alguien más? Los humanistas y renacentistas que alegaban haber superado la rigidez estructural de los arquetipos (la virgen, el santo, el guerrero contra la prostituta, el pecador y el campesino carente de gloria) probablemente solo se encargaron de resaltar más su humanidad, centrándose ya no en la virtud celestial sino en la colorida belleza de lo sensible. Así, las rubias y lánguidas doncellas que desempeñaban poco más que un papel pasivo, a merced de la valentía de sus caballeros, se vieron sustituidas por las contorneadas y sonrojadas damas de alcurnia, mujeres de mundo cuyos diálogos ocupaban un par de líneas más que las anteriores, pero que al final terminaban sirviendo fielmente los intereses del marido (en caso de que fueran virtuosas) o sucumbiendo a los placeres (las más libertinas).

Sospecho que las damas del renacimiento que gozaron de mayor libertad fueron aquellas que contaban con una fortuna significativa e independencia económica. De las mujeres del llamado vulgo (al igual que en las historias medievales) poco se dice, a menos que fueran excepcionalmente hermosas o infames. Las francesas del XIX son, a mi parecer, la excepción de las renacentistas convertida en regla: mujeres agraciadas, no necesariamente nobles pero sí adineradas, aparentemente autónomas y autosuficientes, pero en cuyo regazo habita una maraña de emociones que, al ser despertadas, se encargan de enloquecerlas y convertirlas en criaturas histéricas dominadas por la pasión. En pocas palabras: maniquíes encorsetados en cuyo interior late el corazón de una niña.

Rastignac, Sorel, Dupuis y en alguna medida Duval son como diamantes en bruto que van siendo pulidos por las gráciles y conocedoras manos de sus mujeres, conmovidas por la inocencia y el candor de los jóvenes cuya ilusión aún no les ha arrebatado el mundo. Ellas (más experimentadas, conocedoras de los artilugios propios del medio burgués o aristocrático, casadas con hombres que buscan esconder una naturaleza mezquina e insensible bajo capas de opulencia) quedan maravilladas ante la torpeza infantil y franca de los muchachos, sin caer en cuenta de que están confundiendo inexperiencia con sinceridad e inmadurez con el recuerdo perdido de su propia juventud. ¿Se enamoran acaso de una visión idealizada del amor adolescente que les fue arrancado antes de florecer, subordinándose a la confortable monotonía de un matrimonio convenido?

Mientras que Rastignac y Sorel son caracterizados como una suerte de andróginos (cutis sonrosado e infantil, facciones delicadas e incluso la peculiaridad de haber sido tomados por chiquillas en alguna ocasión), Duval y Dupuis (una vez que regresa de su viaje) presentan una imagen más varonil. Lo que sin duda tienen en común estos personajes es el deseo de ascender en la escala social, razón por la que se convencen del deber que representa proteger su reputación. El temor que les origina su procedencia y el desdén de los ricos los vuelve hipersensibles, resentidos y extremadamente orgullosos: se sienten víctimas de maltratos, desplantes y desprecio camuflado bajo finas palabras. Toman al honor por estandarte y lo ondean para que nadie toque las fibras sensibles de su vergüenza e impotencia, campo en donde su sienten que son poco o menos que hombres, indignos de anhelar la vida y placeres de los ricos.

Morphosis

Thursday, July 26th, 2012

Qué glorioso es estar libre, como las larvas caleidoscópicas y las extensiones cristalinas de las telarañas. Qué glorioso, por dios con minúsculas y sin intención de ofender, qué hermoso es respirar el polvo y la humedad. Qué bien se siente leer la nueva entrada de ese blog aprofético y reverenciado de estrellas, qué horrible que estén hablando de Plutón en casa X y yo esté leyéndolo todo ahora, en este mismo instante, ¡la loca soy yo! Oh vamos, no la odio: a veces la detesto y le grito, pero no sé qué quiero hacer bien porque todos insisten en decir algo y yo solo quiero que se queden con la boca cerrada y que alguien les pase un espejo para que vean las tristes siluetas que se reflejan. Es tu problema, maldito inconsciente, maldita tu pose de ente retrógrado y cada una de tus elucubraciones de monstruo sinsentido que cava en sentido contrario de la superficie. Es cosa tuya, bendito tu repentino ataque de sinceridad y más bendita aún mi decepción mueve-cabeza y silencio, qué bien suena eso. Me da pena pero yo también me doy pena, pena y no lástima, porque la vida es una ramificación absurda de hechos y lingotes de oro que te rompen el cráneo cada vez que los quieres alcanzar. Oh, quise decir tanto y terminé olvidando tan poco, lamento mucho la extrema cortesía pero ya no vale la pena aclarar lo inaclarable y desintoxicar esa patética búsqueda de afecto que se identifica bien cuando le quitas los eufemismos y las reflexiones grandilocuentes del vejete envidioso que llevas dentro.

Y tú, maldita sea la hora en que me pariste, maldita yo y mi ascendente sanguíneo. Te odio y te quiero a la vez, maldita, maldita cien y mil veces más porque ahora no sé si la loca soy yo o si tú eres la insufrible y cegatona hipócrita que le muestra los malditos hoyuelos librianos  a la multitud cuando sonríe. A veces te agradezco la vida y otras te deseo la muerte, pero ¿quién me entiende? A nadie le interesa hablar más que de sus propios problemas, seres cancerígenos que se resienten y lloran en un rincón pero que nunca nunca nunca serán capaces de morder la mano que les da latigazos y, a la vez, les pasa un puñado de comida.

Qué glorioso es escuchar “Brian Krakow” y acariciar al perro, qué genial es que todos estén dormidos y envenenados en plena madrugada. Tenía un asunto pendiente y lo resolví, qué linda es la libertad de estrangular sin ninguna clase de antipatía, qué hermosa es la condición imprevisible que nos dota de artilugios con los que nos libramos de la vida y la muerte. ¿Qué voy a hacer conmigo? No tengo dinero y necesito dinero pero me da miedo trabajar porque no puedo cumplir nada, probablemente llegaría tarde y la situación empeoraría en vez de mejorar… ¡Oh, vamos! Los paréntesis espacio-temporales involucran lecturas y películas de mala muerte, huecos rellenados con fantasías de lugares inhabitables y de seres inexistentes. Es agosto y mi tía cumple años, ¡y yo sin plata! Qué demonios, igual le voy a regalar algo, aunque últimamente anda de mal humor y me trata peor que a perro sarnoso.