Archive for November, 2012

Rambo

Saturday, November 24th, 2012

Detesto que me pasen links de Youtube a cada rato. Me gusta conversar, pero cuando de la nada aparece un hipervínculo azul que contiene la palabra “youtube” y dirige a alguna parodia, imitación, gag o esos parientes lejanos de los memes jeroglifenses que suelen utilizar los miembros de la logia technsnob (criaturas con mucho tiempo libre cuyo máximo logro del día consiste en encontrar un jpeg y postearlo, compartirlo, reproducirlo, modificarlo y spammearlo), siento la necesidad de reventarle el cráneo virtual al infeliz que se encuentra al otro lado de la pantalla. ¿Se supone que voy a dejar de hacer lo que estoy haciendo para concentrarme en un video que probablemente no me va a gustar? No me conecto al chat de Fb porque no soy de iniciar conversaciones y suelo permanecer solo el tiempo que me toma responder comentarios o ver notificaciones. Tengo un humor de los mil demonios y soy buena gente a la vez, así que lo más probable es que abra el vínculo y 1) me fije en el título y en la descripción  2) ponga play si me convencen  3) minimice la ventana de Youtube y siga conversando.

Entre los casos de spammeo masivo (que, dicho sea de paso, hiere mis sentimientos) hay un par de buenas excepciones, y generalmente dependen de la persona con quien hablo. Por ejemplo:

X
¿estás?

Yo
Hola, sí estoy

X
en el 74 está dando una pela media rara, pero no sé cómo se llama

Yo
Ni idea ah

X
sale Steve Carrell… ese webon es pajaza (LINK)

Yo
¿Qué es eso?

X
chequea nomás (LINK2)

Yo -después de realizar los pasos 1 y (si corresponde) 2, 3-
Ahh, qué miedo la cara del tipo

X
en el noticiero blah blah blah (LINK3)

Yo
No vi eso, ¿en qué canal? blah blah

X
(LINK4) allí está, fíjate en 49:43

Yo (aborreciendo al mundo)
Esperaré a que cargue

X
mientras tanto mira esto, carga al toque (LINK 5) o en esta versión mejor, pero está en dos partes (LINK 6A) (LINK 6B)

¿Ya ven? Es desesperante monotematizar las conversaciones o subordinarlas al poder oculto de los links en letritas azules, que generalmente conducen a un paraíso en donde la “gente normal” toma el control de su existencia y, cámara en mano, inmortaliza los tres minutos-cuarenta segundos más irrelevantes de sus vidas.

No todo es malo, sin embargo. Hay bastantes personas que solo comparten enlaces de cuando en cuando, y (ESTO ES IMPORTANTE) lo hacen teniendo en cuenta los intereses del interlocutor (¿interchateador?). A diferencia del tipo X, que comparte trivialidades que solo él encuentra interesantes, la compulsión youtubesca de quien enlaza videos que tienen en cuenta tus gustos no es fastidiosa ni inoportuna.

¿Será que la interacción virtual no solo refleja nuestros hábitos cotidianos y/o la manera en que nos relacionamos con los demás, sino que también permite entrever ciertos aspectos que presenta nuestro carácter? Generalizando, se podría afirmar:

Que el tipo X acapara las conversaciones, o hace exactamente lo contrario (lo cual vendría a ser una versión de lo mismo, pero enfocada desde el ángulo opuesto. Ejemplo: en la vida real nunca habla -> el otro habla; en el fbchat siempre habla -> el otro no puede hablar). Que necesita afirmarse de forma compulsiva. Que asume que lo que a él le gusta debe necesariamente gustarle al otro o que simplemente no se ocupa de ello. Que se vale de los links para rellenar vacíos en la conversación (en caso de que no tenga mucho de qué hablar y prefiera no intimar).

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Πάρθος

Wednesday, November 14th, 2012

 

Si no se va a matar, que me avise. Necesito estar seguro de que todo será repentino e incómodo, forzado hasta las náuseas, tan espontáneo como la etiqueta anglosajona. Mi interés es nulo, pero lo ajeno lo recubre de morbo. Me complace que no se muestre indignado… La mayoría de personas toma a mal tanta sinceridad: a pesar de que la vida les enseña a ponerle nombres y apellidos al tiempo, siguen concibiéndolo como una bolsa llena de aire que empieza a materializarse en el instante en que se lo invoca mediante el pensamiento. ¿Qué sucedería si destruyera todos los relojes y espejos que posee? ¿Moriría la conciencia, se disiparía? Los relojes y los espejos son testigos mudos, agentes de las superestructuras espacio-temporales que se infiltran en la cotidianidad y despersonalizan sus usos. ¿Existe acaso algo más íntimo que la ruptura de las proyecciones? Me cobijo en las vísceras y extiendo mis dominios a través de las esponjas que florecen en lo inconsciente; ¿por qué habría de necesitar la confirmación de los reflejos y los ecos? Lo errático del andar permite palpar las fibras sensibles que la luz no llega a revelar. Se tensan las cuerdas, se enajena la sangre, vibran las cavidades glóticas del mundo y la simultaneidad del instante nos encasilla para siempre, nos subordina a la necesaria sucesión de lo vivido. Estamos malditos. Nos recorre el sinsentido y nos ultraja la adrenalina metafísica, nos escupen a la vida y nos ahogan después. Si no se va a matar, que se desgarre las entrañas y comulgue dentro de su propia pira. Cauteriza la carne muerta, vive a través de su recuerdo y amordaza el instinto: esa vida merece ser vivida.

Sal

Monday, November 12th, 2012

Nadie me quiso decir qué demonios significaba ser prolijo. Nunca tuve ni la más remota idea de que tamaña aventura incluía cosificar las experiencias y rentabilizar al máximo cada segundo gastado en respirar. Lo incomunicable me pareció burdo y mínimo, casi como restaurar rutinas que caducan por efecto de la pérdida de afinidad con el yo de hace cuatro años, siete meses o dos días.

Estar sentado en medio del anonimato colectivo me produce una falsa sensación de seguridad que desaparece apenas algún infeliz osa levantar la mirada, dispuesto a cruzar sus ojos con los míos. Cuando eso sucede, toda la masa conformista se torna amenazadora y el caótico despertar individual empieza a diluir mis vísceras con el detergente familiar que promocionan en la radio todos los días, a la misma hora y en la misma emisora. Es asqueante pensar que
cada una de las personas presentes en la estación del bus, el restaurante o la sala de espera son más que meras líneas de expresión, arrugas, facciones y frases clichés de distante cortesía. Me aterra imaginarlos como seres humanos, como individuos complejos que se ponen trajes de ciudadano promedio cada vez que salen a la calle. Temo sus manifestaciones espontáneas, esos súbitos vestigios de humanidad que la aparente homogeneidad de la multitud no logra ocultar del todo.

Cuando estoy en algún lugar público, me agrada pensar que todos los allí presentes son una suerte de hologramas, autómatas o estatuas extranjeras que casi no hablan español. No intentan dirigirme la palabra y yo tampoco lo hago: convivimos en una armonía cálida e implícita, propia de las aves de paso. No nos recordamos y seríamos poco capaces de reconocernos en cualquier otro lugar. La interacción es casi nula, a excepción de los casos en que preguntan la hora (o banalidades similares que no exigen réplica).